31/12/2007

Lección de historia: Movimiento obrero

El movimiento obrero se consolida en el año 1864 con la formación de la AIT o Primera Internacional. En los primeros congresos se acuerda que el movimiento obrero se realizará de una forma rítmica en la que el martillo forme una línea curva cuyo inicio sería la posición cargada del brazo con el martillo hacia atrás a la altura de la cabeza y el final, el golpeo de la herramienta contra el tornillo o clavo. Sin embargo, existen graves disensiones sobre esto. Muchos piden que el movimiento se amplíe y se adapte a los diferentes tipos de trabajos ya que los señores que se encargaban de fabricar vidrio no paraban de romper sus materiales producidos.

Una cosa era clara. Toda la clase obrera estaba radicalmente en contra de los habitantes de Burgos: los burgueses. Muchas fuentes opinan que los burgueses empezaron el conflicto al no proporcionar suficientes quesos entre el pueblo llano, en detrimento del pueblo voluptuoso, pueblo este último que ha gozado desde el principio de los tiempos (exactamente 459 años) de un trato privilegiado. Otras fuentes se limitan a dar agua, ya sea potable o transparente.

En la AIT hubo un desacuerdo entre los anarquistas y los marxistas que conllevó la expulsión de los primeros. Los anarquistas opinaban que se debía destruir Burgos mediante la insurrección general, rechazando la participación política (de los policías). Los marxistas, como su propio nombre indica, querían que los anarquistas se marcharan. Finalmente fue el lema impulsado por Marx y Engels “¿Por qué no te marxas?” el cual produjo la escisión entre ambas ideologías con la consecuente rivalidad.

Como consecuencia de la Primera Internacional, se amplió el sindicalismo a nivel mundial y no sólo se consiguió orientar las reivindicaciones del movimiento obrero, sino que además se acordó un lenguaje universal que este sector todavía hoy utiliza, frases como: “Eso se lo puedo hacer pero sería un poco más caro”, “Así yo creo que le aguantará” o “Y si no, nos llama y volvemos a venir” que contribuyó a la mejora en la calidad de vida de esta sacrificada clase proletaria.

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27/12/2007

Llaveros asesinos

Últimamente he centrado mi atención en unos objetos que poco a poco se reproducen casi a más velocidad que dos conejos en un terremoto o una familia del opus. Los llaveros. Y una cosa les diré: tengan cuidado, los llaveros acabarán con la raza humana. Porque los llaveros son como las nuevas generaciones: a medida que pasa el tiempo, son más grandes. A mí de hecho el que tengo ya no me cabe ni en el bolsillo. Ni el llavero tampoco.

¿Por qué trato tan mal a los llaveros y creo que supondrán el fin de la humanidad? Muy sencillo. Ellos ya han empezado. Sigilosamente, sin que apenas nos enteremos. Han empezado a atacar por nuestras uñas. ¿Alguien ha intentado meter una llave en una anilla sin daño alguno? No… claro que no. Empezamos creyendo que será cuestión de segundos: “lo abro, la meto y ya está” (este razonamiento pragmático ha provocado muchas desazones a lo largo de la historia). Así que nos dirigimos a abrir la anilla, primero ladeando la cabeza y musitando un animoso “vaya…”, luego tratamos de hacerlo bruscamente, teniendo la gran idea de que la inercia del metal hará que se produzca una separación permanente entre la parte superior de la anilla y la inferior. Pero no. La anilla de un llavero es como la puerta de la habitación de cualquier adolescente: siempre tiende a cerrarse. Y no somos capaces de admitir nuestra derrota. Por lo que recurrimos a las armas. Cogemos un cuchillo y hacemos palanca para insertar la llave de una vez por todas. Sin embargo, cuando la apertura está ya consumada, hay que retirar el cuchillo para pasar el pequeño agujerito del objeto por inestable circunferencia metálica. Una vez llegado hasta aquí ya hay diversas opciones: o la llave se introduce, o desistes y te sumes en una depresión o el cuchillo te amputa el dedo. Y todo por los aparentemente inofensivos llaveros…

Lo que peor llevo de los llaveros es que se están convirtiendo en un regalo estándar. La gente va a Madrid y te trae un llavero que pone “Madrid”, original, pensarán algunos. Lo peor es que la gente viaja mucho… de modo que llega un momento en el que tú tienes más provincias de la geografía española que llaves. Y por más que intentes añadir llaves más o menos útiles (cosa que todo el mundo hace o hará alguna vez en su vida) nunca serán las suficientes.  De modo que acabas teniendo toda España menos, lógicamente tu localidad. Esto es un problema porque a mí el otro día la alcaldesa de Valencia me iba a entregar la llave de mi ciudad (cosa que considero innecesaria porque ya me encuentro dentro de ella, de la ciudad,  no de la alcaldesa) y como no tenía llavero valenciano no me la dio. ¡Es injusto! Pensé. Así que le dije:

-Rita, dame la llave.
-¿Qué llave?

Intenté señalarla, pues aún la sostenía en su mano pero me di cuenta de que me faltaba el dedo índice, me lo había amputado con el maldito cuchillo por culpa del llavero. Entonces fue cuando lo entendí: la democracia ha acabado, ahora deciden los llaveros. Sálvese quien pueda.

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22/12/2007

Doctor, doctor...

Como buen ciberhumorista que me considero, y al querer hablar de médicos en mi monólogo de hoy, he decidido hacer un chiste casero sobre estos profesionales que tanto juego dan.

MEDICO: Adelante.
PACIENTE: Hola doctor.
MEDICO: Dígame.
PACIENTE: Verá, me duele la garganta al tragar.
(El médico se levanta e inspecciona su garganta).
MEDICO: Usted tiene un tumor.
PACIENTE: ¿Un tumor?
MEDICO: Sí, sí. Un tumor bastante grande además, no sé cómo no se ha dado cuenta.
PACIENTE: ¿En la garganta?
MEDICO: Sí, claro que en la garganta. ¿No lo ve? Aquí.
PACIENTE: Doctor eso es la nuez. ¿Me quiere decir de una vez que me tengo que hacer?
MEDICO: Pues está claro.
PACIENTE: Dígame.
MEDICO: Pelarse las nueces antes de tomarlas.

Tras este desternillante derroche de ingenio y de humor fino (soy bastante delgado) empiezo mi monólogo.

Si los médicos te curan… ¿por qué los curas no te medican?

Ser médico es algo muy difícil. No sólo has de saber dónde está el bazo sino que además has de escribir muy mal. Pero mal aposta. Y que no se te note que es adrede. Porque nadie se sabe de memoria los nombres de los medicamentos más complejos, y ellos tienen que fingir que sí, así que escriben mal y te ponen la primera letra en mayúscula, unas líneas curvas que parecen olas y el final un “ol”. De manera que tú lees: Puuuuuol y piensas: “este tío no sabe escribir, pero de medicamentos entiende” ¡Y una mierda! Si es que la bata blanca da más prestigio en la actualidad que tirarte a Dinio. Y no te digo ya si te tiras a Dinio con una bata blanca.

Hay otra cosa que me cabrea hasta límites insospechados (es decir, mucho). ¿Por qué se llama consulta del médico si lo que te da son órdenes? “Me duele la cabeza” “Tómese eso” “¿Qué tipo de dolor tienes?” “Pues no sé explicarlo…” “Tómese esto” “Mi caca es amarilla” “Deje de tomar azafrán” A mí hay una orden que me hace mucha gracia, cuando te dicen “levántese la camiseta”. Me recuerda al sexo en el siglo XVI. Te tratan de usted pero te desnudan. Además, es muy bonito porque lo primero que hacen es oír tu corazón. Y te dicen, “respira hondo” (otra orden), y tú piensas “¿tú también lo notas?” Pero no, no sólo no lo notan, sino que luego dicen “vale ya está” te bajas la camiseta y te entrega un cheque. ¡Qué humillante! Y cuando vas a leer ese cheque te encuentras siempre con lo mismo: “Puuuuuol” ¡Será estúpido!

Y es que, ya lo dijo el poeta “no hay nada peor como un urólogo hembra” (el poeta es como me autodenomino cuando quiero decir una frase sin venir mucho a cuento) Así que, ya lo saben, no se pongan malos, sean buenos... y dejen de tomar azafrán.

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16/12/2007

Móviles

    La humanidad está infectada. Infectada por un virus que se propaga casi tanto como un tic en una terapia de control de la agresividad. El virus del móvil. Móvil… ¿por qué se llamará móvil si no se mueve? Que lo llamen portátil. Vale que portátil ya está cogido, pero un portátil no es portátil, ni móvil. Llamar portátil a un portátil o móvil a un móvil es como llamar fijo a un teléfono que no se mueve… vaya, quizás no es el mejor ejemplo. Y es que ahora ya no es fijo que la gente tenga un fijo en sus casas, sino un móvil, un móvil portátil, que no un portátil móvil, porque un portátil móvil no sería un portátil, sería un comecocos.

    ¡Basta de disertación léxico-científica! Como diría un francotirador estadounidense en la guerra de Irak: me voy a centrar en los móviles, que me divierten más.

    Los móviles son la droga moderna. Y no me refiero a que lleven pantalones pitillo, sino a su fácil acceso y a su consumo por parte de todas las edades, además: cuestan dinero constantemente, si no llevas cinturón, su peso hace que tus pantalones se bajen proporcionalmente a tu dignidad, son perjudiciales para la salud… te dejan impotente. El vibrador  o zumbido te deja impotente. Esto es algo curioso porque… yo nunca pensé que zumbar le dejara a uno el miembro yermo. Luego también está el “efecto disparo”. Cada vez que nos llaman, nos disparan. Algunos pensarán: “¿pero qué dice el imbécil este?” Otros “¡Eh! Qué haces llamando imbécil a Magro Rumí.” Quizás el resto se pregunte: “¿por qué dice lo del efecto disparo?” A estos últimos me dirijo.*  Situación: Tú estás en el trabajo, con el móvil en el bolsillo, de pronto suena y: ¡Zas! Tu mano se va directamente al sitio del móvil. Hay gente que ha llegado a dislocarse el brazo con este movimiento. Tengo un amigo, DEP, que el vibrador le sonó en medio de clase, se creyó que era un disparo, se bajó los pantalones porque no quería morir virgen y al ver que su miembro estaba tan yermo como el moflete de una anciana se tiró por la ventana sin dudarlo. Fue a lo único que se tiró en vida. ¡Maldito vibrador!

    La prueba clara, evidente y definitiva de que el móvil es una droga son las rayas. Cuando se te acaban las rayas, estás perdido. Y es que las rayas siempre expiran en el momento menos oportuno. Desde luego, estoy hablando de las rayas de batería y cobertura. Cobertura… cuando me regalaron el móvil creía que no se podía sacar al aire libre. Que sólo se usaba en sitios cubiertos. Luego descubrí que sí y se me acabó la batería. Así que me compré una guitarra.

    Para terminar, solo diré que yo tengo móvil, pero que (y esto es totalmente cierto) lo pierdo de vez en cuando. De hecho lo he llegado a perder y un mes más tarde lo he encontrado entre los cojines del sofá. Y sobreviví. Llamaba a casa de mis amigos, me conectaba al msn, ¡estaba comunicado! Ahora os dejo, me voy a hacer un SMS que se me acaban las rayas.

 

 

*Y a los otros, gracias por defenderme.

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13/12/2007

¿Me escuchas?

Tengo un problema. No sé escuchar. No es que no considere importante lo que dice la gente, es que no sé escuchar. No sé qué hacer mientras me hablan. Es un grave problema que compartimos muchas personas. Hay diferentes formas de actuar mientras te están hablando, según la personalidad del receptor o el aliento del emisor, son las siguientes.

1ª Forma de escuchar: Afirmar constantemente. Te hablan y tú sí, sí, sí. Ajá. Sí. (El ajá se dice para que el sí no suene repetitivo). Yo creo que el hecho de que España participara en la guerra de Irak se debe a una conversación entre Bush y Aznar. Todo el mundo sabe cómo habla inglés Aznar. Todo el mundo menos los que hablan inglés. Yo me imagino a Bush, en inglés (dialecto americano) con Aznar.
BUSH: Y por todo eso he pensado que deberías entrar en la guerra.
AZNAR: Sí.
BUSH: Entonces qué me dices.
AZNAR: Sí.
BUSH: ¿Sí qué? ¿Entras?
AZNAR: (Breve duda) Ajá.
 

2ª Forma de escuchar: Mirar hacia abajo. Esto está muy bien porque parece que estás muy concentrado en lo que te están diciendo y que estás mirando hacia el suelo para procesar mejor la información. Pero no, amigo. Estás pasando absolutamente de lo que dicen. Sin embargo, hay un momento fatídico en esta situación. Cuando te preguntan. Tú estás mirando al suelo, pensando en que tienes que comprarte un mocho y de súbito oyes: “¿Tú que crees?” Aquí ya no vale un sí. Ni un no. Aquí te la juegas. Durante segundos el “¿tú que crees?” resuena en tu cabeza cual eco de tu voz en la montaña o voz de un pequeño gnomo verde que aparece cuando ves a alguien que odias (esto último puede que sólo me pase a mí). El caso es que, tras unos segundos, levantas la mirada y dices: “Hombre (ya sea hombre o mujer, da igual) No sé…” Y te has librado. Porque tu amigo/a te responde:
-¿Pero sí, no?
Y tú:
 -Sí, sí.
¡Pero vuelve a la carga!
-¿Si qué?
Y tú:
-Ajá.


3ª forma de escuchar: Mirar directamente a los ojos y pensar en otra cosa. Esto requiere sangre fría. Lo hacen los psicópatas y los reponedores de congelados. Los seres que hacen esto pueden mirarte a los ojos y parecer que entienden, pero no entienden. Ni quieren entender. Ellos pueden estar mirándote a los ojos y estar pensando: “Pues este tío no es unicejo pero casi” (De los que no son unicejos pero casi hablaré otro día). Y a estos nunca les pillan porque como son humanos tan duros e inquebrantables ya les puedes preguntar:
-¿Tú qué crees?
Que ellos te responderán:
-No.
Son tipos duros. A lo que únicamente podrás responder:
-Ajá…

Posted by Magro Rumí at 21:00:33 | Permanent Link | Comments (6) |

11/12/2007

Tonto el que no lea

Hoy en día hay monólogos de todo. En España hay más monólogos que situaciones humanas. Monólogos sobre peluquerías, panaderías, sobre caídas humillantes, sobre amigos, familia, etc. Sin embargo, nunca he visto, leído o recitado en latín un monólogo que trate sobre un tema tan sencillo como leer. ¿Por qué no hay monólogos sobre la lectura? ¿La gente no quiere leer un monólogo sobre el leer?

    Ayer estuve pensando sobre una palabra paradójica y contradictoria del ser humano. Pasé sentado en el sofá toda la tarde tratando de entrever su sentido o su significado más allá de la mera etimología. Por la noche las dudas seguían, he llegado a soñar con esa palabra, incluso me he duchado por la mañana y ha aparecido escrita en el espejo empañado del cuarto de baño, junto a la frase "voy a matarte", pero eso era secundario. La palabra era "ilegible" y mi duda existencial es la siguiente: ¿Por qué ilegible es una palabra legible?

    Creo que todos estaremos de acuerdo cuando digo que todos estaremos de acuerdo con lo que digo. Leer es algo que se está perdiendo. Ahora los jóvenes prefieren jugar a la play o al ordenador y los adultos hacer como que no les gusta. Pero leer, puede tener mucha más utilidad de lo que pueda parecer. Vale que te da vocabulario, pero ver a Sánchez Dragó en Telemadrid también, vale que te da conocimientos, pero ver a Sánchez Dragó en Telemadrid también, vale que te da ocio y entretenimiento, pero... pero bueno, hay muchas cosas que te lo dan, casi cualquier cosa. Menos ver a Dragó en Telemadrid.

    Hay una cosa que te proporciona el leer y que nadie valora. La humanidad ha comprado kamasutras a millones sin darse cuenta de un hecho básico. Cuando lees adoptas incluso más posturas que las que te dice el kamasutra. Puedes leer sentado, tumbado, recostado, apoyado en un hombro, con una almohada doblada por la mitad (cosa que a mí me fascina, porque demuestra la vagueza del ser humano por no levantarse y cojer un cojín), puedes leer de rodillas e incluso puedes leer frente a un espejo y con una sonrisa de bobalicón pronunciar algo que todo el mundo ha dicho alguna vez: ¡Jeje, pero si se ve al revés! Yo tengo un amigo que me dijo que el otro día había hecho un 96 con su novia, le contesté: será un 69. A lo que me respondió lleno de sorpresa y alegría: Sí tío ¡pero tú prueba a mirarte en un espejo!

    Y yo me miré y sólo vi un uno.

    Otra cosa buena de leer es que te hace pensar. A veces llegas a pensar mientras estás leyendo. Y tienes que releer el párrafo. Hay párrafos que yo me he leído tres veces y no me he enterado ni de qué iban.  Sin ir más lejos yo el otro día estaba leyendo: "La habitación era austera y poco iluminada. De pronto sonó el teléfono. Era ella." Y de pronto pensé: ¡Ah, coño! ¡Un 96!

    En conclusión, ahora que has leído el monólogo imprímelo, encuadérnalo, llévatelo a la cama y practica. Luego mírate al espejo y te darás cuenta de una cosa: que eres un imbécil que hace caso de todo lo que le dicen.
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05/12/2007

La educación española

    Dicen que la educación está mal. Están en lo cierto. La educación es algo inmoral.

    Cuatro filófosos van para selectivo. Y no es un villancico nuevo ni un principio de chiste de Chiquito de la Calzada. Es lo que me tengo que aprender para luego examinarme. Platón (y su Teoría de la Gran Vajilla), Descartes (cuyo nombre es una metáfora de lo que pienso hacer con él) Rosseau (que suena a Roser, la que cantaba en Pop-Stars) y Marx (desgraciadamente de nombre Karl).

 
        De historia tengo que almacenar en mi memoria unos 200 años aproximadamente*. Años convulsos y con muchas fechas (exactamente 73.000 días) y nombres diversos que pueden hacerte pasar un mal rato. De hecho a mí el otro día me preguntaron por el pronunciamiento de Riego y contesté que era con R fuerte. Por no hablar del levantamiento del dos de mayo… me pidieron que lo explicara y luego me echaron de clase por “un lenguaje soez y obsceno”. ¡Pues oigan la historia es la historia! ¡Antiguo Régimen! A mí eso me suena a quitar el pan en las comidas.

     Y luego dice un estudio que somos unos ignorantes... es indignante.

     Por no hablar de la economía. La economía es esa ciencia en la que si algo se puede abreviar… se abrevia, qué cojones (QC). De hecho yo a veces pienso que mi profesor no está explicando sino que está decodificando un mensaje alienígena. Y pensar que yo me cogí economía porque pensaba que era la ciencia que estudiaba los ecos…

    Y las matemáticas… eso es un mundo aparte que nunca llegaré a comprender. ¿Pues no me dice el profesor que eleve dos al cubo? ¡Y si le parece me llevo también la pala y el rastrillo! ¿Y qué es eso de las raíces cuadradas? ¿Raíces que toman esteroides?

 
    Malditas matemáticas… si pudiera las multiplicaría por cero como Bart Simpson, ¿a ver qué dirían entonces siendo un mísero uno?     En fin, tras haber escupido mi rabia y limpiado después la pantalla del ordenador, concluyo porque tengo que irme a estudiar. Además, mañana me ha dicho mi profesor de geografía que para el examen que viene vamos a necesitar muchas hojas… y en esta zona sólo hay arbustos pequeños.



      * He consultado mi libro de texto porque me gusta hablar con propiedad, de no ser así viviría en la calle.
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