Yo, machista
Como comento en el post anterior, lamento mucho mi ausencia, pero ha sido por causa ajena a mí. El ventilador de la torre de mi ordenador ha sufrido una parada grave y ha sido necesario el transplante. Hoy he recibido ya el nuevo y espero que funcione bien, aunque emite un sonidito un tanto agónico. Y ahora que todo parece volver a la normalidad... ¿qué mejor que hablar de mi machismo?
Soy un machista. Últimamente he estado pensando entonar el ‘mea culpa’ por mi último post, pero mi culpa no tenía la vejiga suficientemente llena. Así que he optado por el primer paso, que es reconocerlo. Sí, soy un machista, pero un machista de los de verdad. De los que ni levantan los pies cuando barre la señora. Lo sé, ésta es una acción pérfida y malévola, pero creo que no es la que más les va a escandalizar.
Mi opinión general sobre las mujeres es bastante positiva, las reconozco como mamífero. Pero no he llegado a esta conclusión yo solo, he sido inducido. No es que esté en contra de las mujeres, es que las mujeres están en contra mía. El otro día, le dije a una un piropo y me metió una patada en la ingle. Nunca me habían metido nada en la ingle. Jamás entenderé por qué no funcionó mi piropo sobre su axila bruñida.
¿Y cuál es mi opinión sobre la paridad en ambos sexos en el trabajo? En contra, lógicamente. La propia palabra lo dice parida-d. Es una parida. Los hombres somos paridos, las mujeres paridas. Esta es una afirmación irrefutable que denota la superioridad del hombre, pero existen más. Todas ellas de una lógica aplastante. Pero me niego a exponerlas todos, pues les estaría negando indirectamente el derecho a contrarréplica.
Mi programa favorito es Matrimoniadas y creo que el nombre de la serie Sin tetas no hay paraíso es el reflejo de una sociedad en auge. ¡No me echen la culpa a mí! ¡Échensela al sistema que nos invade con publicidad y teleseries misóginas! Y a Aramís Fuster, que os hace una mala promoción.
En conclusión, yo quiero una niña, que tenga un padre con trabajo y una madre hábil en la cocina. Yo quiero que esa niña crezca en España y que cuando salga al extranjero sea sumisa y no mire directamente a los ojos de los marroquíes. Una niña, que no se vea perjudicada por las horas de ocio que los inmigrantes pasen en urgencias. Yo quiero que esa niña nazca, crezca, se reproduzca (pero sin gozo) y muera enterrada bajo los santos sacramentos. Lo único que le reprocho a esa niña, es que se haya peleado con Gallardón.

He de empezar agradeciendo a 

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