Proyecto millonario
Decidido. Voy a ser banquero. He tenido una idea buenísima, un nombre para un banco que arrasará a nivel nacional y en toda Sudamérica. En unos pocos años tú, que lees esto podrás tener tu dinero en tu banco, mi banco, Banco de Peces.
Lo tengo todo pensado. Seremos el primer banco en el mundo que tenga máquinas tragaperras en sus sucursales. Así, puedes decidir si ingresar tu dinero o jugar y doblarlo (recordemos que doblar algo es reducir su tamaño a la mitad). Además, no regalaremos vajillas, las vajillas no están en la “onda”, ahora la gente come pizzas sobre una caja de cartón o chocolate líquido sobre una bailarina rumana de streapteas. Nosotros regalaremos cosas útiles e innovadoras. Nosotros te enseñaremos a hablar rumano para que puedas decirle a la bailarina que prefieres comer en un plato, como todo el mundo.
También sé ya nuestro lema, nuestra frase promocional. Algo impactante y con sentido, que cale pero que haga pensar… como lo del palomo ese. Todo el mundo podrá leer, desde el sofá de su casa y por la televisión (puesto que nuestros clientes potenciales tienen sofá y televisión) lo siguiente: “Banco de Peces: Tu fortuna, métenosla y te pagamos” había otra idea que finalmente desechamos. Consistía en eliminar “tu fortuna”, pero de haberla hecho, a nadie le habrían interesado los cursos de rumano.
Todo el mundo sabe que lo mejor para promocionar un producto es diferenciarlo. Por ello, he decidido asignarle un color a nuestro banco. BBVA es azul, Banco Santander es rojo, los orientales son amarillos y los chicles de eucalipto verdes. Con estas premisas mi derivación fue lógica y consecuente y no dudé a la hora de decidir dicho color, mi color, el color de mi banco: el azurillo. Una mezcla de azul y amarillo. Así todo el mundo que viera uno de esos dos colores pensaría en el Banco de Peces. La mezcla la hice en el baño (porque los grandes genios se concentran en el baño). Cogí una pintura azul y pinté una línea, acto seguido tracé una raya azul sobre la amarilla, y cuando iba a tirar ya de la cadena observé el resultado: Me salió verde. Y la mezcla de los colores también.
Así que tiemblen, banqueros de la competencia, pues mi banco va a convertirse en el número uno y a quitarles todos sus clientes. Prepárense para mi entrada en el sector, que va a ser más triunfal que la de Groucho Marx en Sopa de Ganso. Sopa de Ganso que podría ser un gran nombre para un gran producto. Un producto que podría sustituir progresivamente al caldo de pollo. Sí, sí, ya lo veo “Olvídese del caldo de pollo, pásese a la Sopa de Ganso, será pan comido*.”
Lo tengo todo pensado. Seremos el primer banco en el mundo que tenga máquinas tragaperras en sus sucursales. Así, puedes decidir si ingresar tu dinero o jugar y doblarlo (recordemos que doblar algo es reducir su tamaño a la mitad). Además, no regalaremos vajillas, las vajillas no están en la “onda”, ahora la gente come pizzas sobre una caja de cartón o chocolate líquido sobre una bailarina rumana de streapteas. Nosotros regalaremos cosas útiles e innovadoras. Nosotros te enseñaremos a hablar rumano para que puedas decirle a la bailarina que prefieres comer en un plato, como todo el mundo.
También sé ya nuestro lema, nuestra frase promocional. Algo impactante y con sentido, que cale pero que haga pensar… como lo del palomo ese. Todo el mundo podrá leer, desde el sofá de su casa y por la televisión (puesto que nuestros clientes potenciales tienen sofá y televisión) lo siguiente: “Banco de Peces: Tu fortuna, métenosla y te pagamos” había otra idea que finalmente desechamos. Consistía en eliminar “tu fortuna”, pero de haberla hecho, a nadie le habrían interesado los cursos de rumano.
Todo el mundo sabe que lo mejor para promocionar un producto es diferenciarlo. Por ello, he decidido asignarle un color a nuestro banco. BBVA es azul, Banco Santander es rojo, los orientales son amarillos y los chicles de eucalipto verdes. Con estas premisas mi derivación fue lógica y consecuente y no dudé a la hora de decidir dicho color, mi color, el color de mi banco: el azurillo. Una mezcla de azul y amarillo. Así todo el mundo que viera uno de esos dos colores pensaría en el Banco de Peces. La mezcla la hice en el baño (porque los grandes genios se concentran en el baño). Cogí una pintura azul y pinté una línea, acto seguido tracé una raya azul sobre la amarilla, y cuando iba a tirar ya de la cadena observé el resultado: Me salió verde. Y la mezcla de los colores también.
Así que tiemblen, banqueros de la competencia, pues mi banco va a convertirse en el número uno y a quitarles todos sus clientes. Prepárense para mi entrada en el sector, que va a ser más triunfal que la de Groucho Marx en Sopa de Ganso. Sopa de Ganso que podría ser un gran nombre para un gran producto. Un producto que podría sustituir progresivamente al caldo de pollo. Sí, sí, ya lo veo “Olvídese del caldo de pollo, pásese a la Sopa de Ganso, será pan comido*.”
*Chiste para aquellos que sepan inglés y que me niego a explicar. Una pista: “Duck soap”.


Comentarios Recientes