11/12/2007

Tonto el que no lea

Hoy en día hay monólogos de todo. En España hay más monólogos que situaciones humanas. Monólogos sobre peluquerías, panaderías, sobre caídas humillantes, sobre amigos, familia, etc. Sin embargo, nunca he visto, leído o recitado en latín un monólogo que trate sobre un tema tan sencillo como leer. ¿Por qué no hay monólogos sobre la lectura? ¿La gente no quiere leer un monólogo sobre el leer?

    Ayer estuve pensando sobre una palabra paradójica y contradictoria del ser humano. Pasé sentado en el sofá toda la tarde tratando de entrever su sentido o su significado más allá de la mera etimología. Por la noche las dudas seguían, he llegado a soñar con esa palabra, incluso me he duchado por la mañana y ha aparecido escrita en el espejo empañado del cuarto de baño, junto a la frase "voy a matarte", pero eso era secundario. La palabra era "ilegible" y mi duda existencial es la siguiente: ¿Por qué ilegible es una palabra legible?

    Creo que todos estaremos de acuerdo cuando digo que todos estaremos de acuerdo con lo que digo. Leer es algo que se está perdiendo. Ahora los jóvenes prefieren jugar a la play o al ordenador y los adultos hacer como que no les gusta. Pero leer, puede tener mucha más utilidad de lo que pueda parecer. Vale que te da vocabulario, pero ver a Sánchez Dragó en Telemadrid también, vale que te da conocimientos, pero ver a Sánchez Dragó en Telemadrid también, vale que te da ocio y entretenimiento, pero... pero bueno, hay muchas cosas que te lo dan, casi cualquier cosa. Menos ver a Dragó en Telemadrid.

    Hay una cosa que te proporciona el leer y que nadie valora. La humanidad ha comprado kamasutras a millones sin darse cuenta de un hecho básico. Cuando lees adoptas incluso más posturas que las que te dice el kamasutra. Puedes leer sentado, tumbado, recostado, apoyado en un hombro, con una almohada doblada por la mitad (cosa que a mí me fascina, porque demuestra la vagueza del ser humano por no levantarse y cojer un cojín), puedes leer de rodillas e incluso puedes leer frente a un espejo y con una sonrisa de bobalicón pronunciar algo que todo el mundo ha dicho alguna vez: ¡Jeje, pero si se ve al revés! Yo tengo un amigo que me dijo que el otro día había hecho un 96 con su novia, le contesté: será un 69. A lo que me respondió lleno de sorpresa y alegría: Sí tío ¡pero tú prueba a mirarte en un espejo!

    Y yo me miré y sólo vi un uno.

    Otra cosa buena de leer es que te hace pensar. A veces llegas a pensar mientras estás leyendo. Y tienes que releer el párrafo. Hay párrafos que yo me he leído tres veces y no me he enterado ni de qué iban.  Sin ir más lejos yo el otro día estaba leyendo: "La habitación era austera y poco iluminada. De pronto sonó el teléfono. Era ella." Y de pronto pensé: ¡Ah, coño! ¡Un 96!

    En conclusión, ahora que has leído el monólogo imprímelo, encuadérnalo, llévatelo a la cama y practica. Luego mírate al espejo y te darás cuenta de una cosa: que eres un imbécil que hace caso de todo lo que le dicen.
Posted by Magro Rumí at 18:14:51 | Permanent Link | Comments (3) |