31/10/2007

Una historia de amor

Voy a decírselo. La quiero y voy a decírselo. Me da igual luego lo que pase. Si te dice que sí, eso que ganas y si es que no, lo has intentado. Mírala, ahí, mirándome. Las chicas que no quieren nada no te miran así. Definitivo, se lo digo. En cuanto se calle… si se calla, claro. En cuanto acabe de hablar se lo digo.

-Y es así como logré escalar el Everest con sandalias.
-Sí, sí, muy interesante. Oye… te quería decir una cosa.
-Dime.
Vamos. Vamos joder. Sólo dilo.
-Vamos joder.
-¿Qué?
Vamos joder no, imbécil. Dile que la quieres de una vez.
-Yo te…
Te qué. Te qué.
-Te…niendo en cuenta que a cada 100 metros de altura disminuye un grado la temperatura, es, es toda una proeza. Lo del Everest, digo. ¿Con sandalias?
Gilipollas.
-Sí, bueno no eran exactamente sandalias…
Ya está otra vez. Va a hablar durante los próximos diez minutos. Y yo aquí, como un imbécil. Se te ha pasado la oportunidad. No, no, no. Aún puedes. Venga, va. Dos palabras. No tienes nada que perder.
-Sandalias de esas… que, bueno tienen como un plástico traslúcido, como las que tenemos de pequeños, ¿sabes?
-Ah vale, sí. Oye…
-Dime.
-¿En qué piensas?
-En…
-¿En qué?
-No sé…
-No seas tonta.
-Pues estoy pensando que…
-Que…
-Que esta maldita incontinencia verbal me impide decirte que te quiero.
Reacciona, reacciona.
-Me quieres.
-Vale, no debería habértelo dicho.
-Te quiero.
Bésala, ha llegado el momento.
-Me quieres…
-Yo… yo hice el camino de Santiago con pantalones de cuero.
Que te den por el culo.
Posted by Magro Rumí at 19:53:28 | Permanent Link | Comments (1) |