14/03/2008

Peine o cepillo

  Reconozcámoslo: los españoles estamos divididos. Divididos en dos grupos opuestos y enfrentados, que luchan por imponer su hegemonía. Y todo por un problema ideológico: ¿es mejor el peine o el cepillo? Grandes intelectuales han dicho que lo que nunca se debe intentar es cepillarse un peine, porque raspa y deja rozaduras molestas.

   Aparentemente, los peines cuentan con la ventaja numérica. Hay peines por todos lados. Te los regalan hasta en los hoteles. Los cepillos no. Los cepillos te los dan en la Iglesia y te cuestan un dineral. El otro día le pregunté a un amigo:
   -¿Oye, tú te peinas o te cepillas el pelo?
   Me respondió:
   -Yo me lo cepillo, pero paso de ponerme flúor.
   Al poco entendí porque mi amigo tenía en los dientes raya al medio.

   Yo creo que el peine es más para pelos lisos y moldeables. Porque usar el peine permite, entre otras cosas, hacerte rayas en el cabello. Lo malo es que luego la gente cree que tienes caspa. Eso sí, hay peines y peines (esta última frase me la dijo un gallego en las duchas de un gimnasio, desconozco el por qué). Hay peines buenos, grandes y bonitos; hay peines de hotel, frágiles, blancos y de un material a caballo entre el cartón y el PVC; y, en el último eslabón de la cadena, está el fatídico peine para piojos. A mí cuando me dijeron por primera vez que existía un peine para piojos exclamé: ¡pues sí que debe ser pequeño! Estos peines son… ante todo, crueles. Si te lo pasan y encuentran parásitos, vives un momento de humillación enorme y si no, empiezas a criar, porque esos peines acaban siendo organismos vivos. Yo tuve un peine de piojos que acabó marchándose de casa. Intentamos retenerle pero arguyó que quería conocer mundo. Le vi hace poco en el pelo de una fallera, ha progresado.

   Por otro lado está el cepillo. El cepillo está bien, no digo que no, pero tiene una característica esencial: al final, el cepillo tiene más pelos que nosotros mismos. ¿Y qué me dicen de las cerdas? No amigos, no estoy hablando de las mujeres que huelen fuerte, estoy hablando de los pelillos (intrínsecos) del cepillo. Nunca un material de cosmética tuvo peor nombre. Bueno, puede que la vaselina…

   En todo caso, no quiero posicionarme (por eso abogo por estar siempre recostado en el sofá) en un grupo u otro. Lo mejor, como diría el calvo de telecinco, es no peinarse. O visitar al Repeinez.

Posted by Magro Rumí at 17:27:27 | Permanent Link | Comments (10) |