05/12/2007

La educación española

    Dicen que la educación está mal. Están en lo cierto. La educación es algo inmoral.

    Cuatro filófosos van para selectivo. Y no es un villancico nuevo ni un principio de chiste de Chiquito de la Calzada. Es lo que me tengo que aprender para luego examinarme. Platón (y su Teoría de la Gran Vajilla), Descartes (cuyo nombre es una metáfora de lo que pienso hacer con él) Rosseau (que suena a Roser, la que cantaba en Pop-Stars) y Marx (desgraciadamente de nombre Karl).

 
        De historia tengo que almacenar en mi memoria unos 200 años aproximadamente*. Años convulsos y con muchas fechas (exactamente 73.000 días) y nombres diversos que pueden hacerte pasar un mal rato. De hecho a mí el otro día me preguntaron por el pronunciamiento de Riego y contesté que era con R fuerte. Por no hablar del levantamiento del dos de mayo… me pidieron que lo explicara y luego me echaron de clase por “un lenguaje soez y obsceno”. ¡Pues oigan la historia es la historia! ¡Antiguo Régimen! A mí eso me suena a quitar el pan en las comidas.

     Y luego dice un estudio que somos unos ignorantes... es indignante.

     Por no hablar de la economía. La economía es esa ciencia en la que si algo se puede abreviar… se abrevia, qué cojones (QC). De hecho yo a veces pienso que mi profesor no está explicando sino que está decodificando un mensaje alienígena. Y pensar que yo me cogí economía porque pensaba que era la ciencia que estudiaba los ecos…

    Y las matemáticas… eso es un mundo aparte que nunca llegaré a comprender. ¿Pues no me dice el profesor que eleve dos al cubo? ¡Y si le parece me llevo también la pala y el rastrillo! ¿Y qué es eso de las raíces cuadradas? ¿Raíces que toman esteroides?

 
    Malditas matemáticas… si pudiera las multiplicaría por cero como Bart Simpson, ¿a ver qué dirían entonces siendo un mísero uno?     En fin, tras haber escupido mi rabia y limpiado después la pantalla del ordenador, concluyo porque tengo que irme a estudiar. Además, mañana me ha dicho mi profesor de geografía que para el examen que viene vamos a necesitar muchas hojas… y en esta zona sólo hay arbustos pequeños.



      * He consultado mi libro de texto porque me gusta hablar con propiedad, de no ser así viviría en la calle.
Posted by Magro Rumí at 16:44:00 | Permanent Link | Comments (4) |

04/11/2007

Diecisiete años

    Tengo diecisiete años. Ni uno más ni uno menos. Si tuviera uno más y uno menos seguiría teniendo diecisiete años así que es absurdo rebatirme. Tener diecisiete años no está mal, puedes cometer un delito y no ir a la cárcel, aunque también puedes ir a la cárcel y cometer un delito allí. Hay cosas que no se deben hacer, como ver las películas de miedo “no recomendadas para menores de 18 años”. Pero, ya saben, como no podemos ir a la cárcel, infringimos las normas. Tampoco podemos fumar, pero sí que es legal poner la boca en un tubo de escape y absorber, existe un gran vacío legal ahí. El alcohol también nos está prohibido. El agua oxigenada no. No podemos jugar a las tragaperras ni mucho menos tragar alcohol con una perra. Sí podemos tragar agua oxigenada con cualquier otro animal.

     Creo que estaremos de acuerdo en que los diecisiete años son un número bonito. Si le restas diez. Y todo el mundo sabe que diez entre dos son cinco y cinco más dos son siete y siete más diez son diecisiete, tras lo cual no se llega a ninguna conclusión lógica pero a los estudiantes no se nos pide lógica, se nos pide un diez. Y, teniendo diecisiete, a mí me sobran siete, y ya te he dicho que siete es un número bonito.

 
    Dicen que la educación de hoy está mal. Lo dicen los mayores. Y los mayores son los que educan a los pequeños y a los perros que hacen caca en la alfombra. Los mayores nos acusan de bulímicos: “llegáis al examen, vomitáis todo lo que habéis estudiado y luego se os olvida todo”. Sólo diré una cosa: si realmente vomitara en un examen, me acordaría hasta el fin de mis días.

 
    A los diecisiete, uno es lo suficientemente mayor para saber que morirá y lo suficientemente joven para creer que lo hará de mucho más mayor. Por eso se nos acusa de megalómanos (yo no lo soy, no me gusta la música) y de querer comernos el mundo. ¿Comernos el mundo? ¿No lo vomitaríamos luego en cualquier examen? Y ese vómito sería tan grande que mancharía la alfombra en la que el perro ya había aprendido a no defecar.

     Muchos creen que llegarán a ser presidentes del gobierno o estrellas de rock, o las dos profesiones. Una por el día y otra por la noche (no diré cuál y cuál), pero no se dan cuenta de que, para llegar a ser ambas cosas, hace falta vomitar mucho… y digerir muy poco.
Posted by Magro Rumí at 13:31:47 | Permanent Link | Comments (6) |