01/10/2007

Que nadie como tú me sabe hacer café...

¿Por qué cuando cogemos un sobrecito de azúcar... lo agitamos?


Hay quien dice que como mejor se conoce a una persona es en la guerra, otros dicen que en la cama. Otros que haciendo la guerra en una cama..., se equivocan. Como mejor se conoce a una persona es tomando un café. Y si me apuran, tomando un café en la cama en un país beligerante. Pero lo importante es el café... nunca pesé que priorizara el café a la cama.

Para empezar está cómo se pide el café. Ya se ha parodiado mucho sobre todos los complementos que puede tener un café. Sin embargo yo quiero ahondar y profundizar más en el tema preguntando abiertamente: ¿Quién inventó los nombres de tipos de cafés? Un introvertido fijo: solo, cortado, bombón... Este último lo puso para disimular, seguro.

Luego está el tema del azúcar. El azúcar es como la carta de un admirador secreto cutre. Viene en sobre, pero sin sello. Y cogemos el sobre y lo agitamos, es que no me lo explico. ¿Por qué? Algunos pensarán: "Para que baje". ¿Pero no se desmonta esta teoría cuando luego la tiras toda al café? Agitar el sobre del azúcar es como ser feo y comprarse ropa interior nueva, no sirve para nada. Cuando acabamos con el sobre pasan varias cosas: si te has puesto todo el azúcar lo envuelves y lo doblas hasta reducir al mínimo su tamaño. Hay gente que ha hecho desaparecer sobrecitos de azúcar al reducirlos a un tamaño atómico; si no te has puesto todo el sobre haces un plieguecito arriba para que no se salga el azúcar. Normalmente bastaría con dejarlo en una postura horizontal para que el edulcorante níveo no se vertiera sobre el platito del café, pero... ¿y si hay un terremoto qué? ¡Todo el azúcar por el suelo!

Lo siguente es algo que me exhaspera. Las asas de las tazas. Ahí no hay hueco para un dedo humano normal... es muy pequeño. Tenemos que hacer malabarismos para coger la maldita taza. Yo creo que tienen el monopolio los enanos. Y que es su venganza a todos los prejuicios sociales que se tienen ante ellos. Y ojo, yo no tengo prejuicios por los enanos, pero seguro que ellos son los culpables de esto y de alguna que otra cosa más. Como el hambre en África, por ejemplo. Si ellos no necesitan comer para crecer... ¿entonces para qué comen?

En fin, podría tirarme muchos párrafos más disertando sobre la psicología del café y la naturaleza humana, pero creo que nadie me leería. Así que concluyo con una reflexión que espero, les haga pensar: "No te quema el café, sino tus labios al tantear lo desconocido". Toma ya.

Posted by Magro Rumí at 17:04:32 | Permanent Link | Comments (8) |