29/11/2007

Semana de exámenes

    Ya está. Por fin. He acabado los exámenes. Me siento bien, relajado, tranquilo, con cierto nerviosismo por saber qué pasará... me siento como cuando estás aliviado porque te has tirado un pedo pero no sabes si va a oler o no*.

    Cuando acabas los exámenes te sientes libre. Todo empieza en el momento de entregar el último examen. Lo entregas y sales a la calle. Has dormido menos de cinco horas y tienes unas ojeras que podrían acunar a un mamut, pero ahora te sientes bien, muy bien. Es un momento de alivio y euforia indeible. Yo conozco a gente que con cincuenta y pico de años es adicta a ese momento. Estudian, duermen, comen mal y poco, se muerden las uñas hasta lo rosa, que todo el mundo sabe que el límite para morderse las uñas te lo traza ya la  naturaleza, es la línea blanca, y todo para llegar a esa sensación del fin de los exámenes. Siempre me dicen: "Ojalá fuera yo adicto a la coca, sería todo mucho más fácil..." Pero ya saben mi opinión con respecto a la coca: prefiero mil veces las magdalenas.

    Y es que una semana de exámenes es cruel, acaba contigo. Porque todo lo que has estudiado, todo el tiempo de trabajo incansable, de noches en vela, de nervios y concentración,  todos tus esfuerzos y tiempo invertido en una materia, los treinta y siete minutos, te los juegas en un momento. Eso es cruel. Es como cuando te dicen:
    -Cuéntame un chiste.
    A mí con esto me ocurre un suceso extraño e inefable: se ríen más de mis exámenes que de mis chistes. Y eso que los exámenes no los explico.

    Ahora os dejo, pero no porque os quiera sólo como amigos, sino porque quiero disfrutar el momento. Dentro de nada llegarán las notas y eso corta más el rollo que el presentador de informativos que sale al lado de la guapa.

*Ya lo sé, últimamente hablo mucho de pedos, pero qué quieren, tengo 17 años y pocas experiencias.


    Si el monólogo de hoy no les ha parecido a la altura... entonces súbanse al Everest y léanlo allí, pero compréndame, los exámenes son a la creatividad lo que los pelillos de la nariz al pragmatismo.
Posted by Magro Rumí at 20:07:37 | Permanent Link | Comments (4) |