Frío invierno
Hoy voy a hablar de la estación más fría. Y no me refiero al final del expreso de Groenlandia sino al invierno. El invierno es esa época del año en la que la gente se mete las manos con guantes en los bolsillos. No por frío, sino por apretar. Cuando tenemos frío apretamos, nos tensamos. Cuando tenemos frío y cuando comemos fabada pero eso es otra historia. Algún día contaré la historia de la fabada. Y es que el frío es como tomarte un vodka con cebolla: te hace llorar y te pone la nariz roja. Yo no entiendo porque se pone la nariz roja cuando tenemos frío… ¿se ruborizan los mocos? Los míos s,í pero es comprensible porque no paro de señalarlos… (no explicaré esto)
Las calles en invierno se cubren de blanco y las señoras de pieles. Cuando me dijeron por primera vez eso de que habían abrigos de piel pregunté: “¿A quién hay que matar para conseguir uno?” Todos se rieron y yo todavía no entiendo el por qué.
Y en esta época del año proliferan las bufandas, los guantes y los gorros. El otro día me presentaron a un albino y supe que no era un muñeco de nieve porque tenía nariz en lugar de zanahoria. Las bufandas han dejado de ser una prenda de abrigo para convertirse en un complemento de moda. Ahora las hay de todos tipos y colores. Y también están las palestinas, que son como las bufandas, pero para la clase proletaria y los independentistas vascos. De los guantes no quiero a hablar. Me dan rabia. No calientan casi. Sólo los de cuero y yo me niego a ir en cueros en invierno. Los gorros me hacen mucha gracia. Ya ven, soy de risa fácil. Soy fácil para muchas otras cosas pero eso no es cosa de risa, aunque mi ex piense todavía lo contrario. Hay gorros y gorros. A mí me gustan los que llevan determinado tipo de ancianos y que están diseñados para que sobre un cacho por arriba. ¿Por qué no se ciñen el gorro? ¿Qué les cuesta? ¿Qué guardan en ese espacio de fláccido y amorfo vacío? Nadie lo sabe, tan solo ellos. Un día le pregunté a un señor:
-¿Por qué se pone el gorro así?
Me contestó resignado:
-A mí no me preguntes, yo soy David el gnomo que me he hecho mayor.
Menos mal que el invierno tiene un oasis. La navidad. Aunque cuando acaba tengamos que subir una empinada cuesta. Y todo el mundo sabe que en las cimas hace mucho más frío. Así que cómprense una bufanda, de las buenas, y ya verá cómo se calientan los del banco.