Pepo Cilga y “El Orfanato”
Pepo, pese a ser pobre y algo retrasado, siempre quiso aprender y se interesó por los idiomas, quería saber inglés para viajar a Estados Unidos y conocer a su madre, cambiando así su destino (que era no conocerla). Un día le dijo a la directora del orfanato:
-Oiga, me gustaría ir a estudiar al extranjero.
La directora le contestó:
-No hace falta que vayas, ya le llamo yo. ¡Dimitriiii!
Dimitri era un electricista que trabajaba allí de vez en cuando y Pepo Cilga en vez de aprender inglés aprendió búlgaro que no le sirvió de nada.
En el orfanato las niñas le llamaban cerdo, no por ofender sino por una derivación lógica de su nombre. Pero el chico interpretaba mal sus palabras y siempre se encerraba en el cuarto de baño para alisarse el pito con tal fuerza que quedó impotente a los 9 años y nunca más pudo tocar el pito. Esto supuso una tragedia para él porque Pepo Cilga ya había decidido que quería ser árbitro de fútbol playa cuando fuera mayor, así que colgó sus chanclas y abandonó toda esperanza profesional. Además cogió un par de hongos en la ducha.
Su vida al salir del orfanato fue si cabe, más dura.* El chico lloraba al ver una playa y los hongos estaban tan desarrollados que Pepo no se podía cortar las uñas porque sus pies habían sido declarados como Reserva de la biosfera. Sumido en la más profunda desesperación empezó a escribir. En búlgaro. Escribía bien pero nadie le entendía. Un día se topó con Dimitri que se ofreció a traducir sus textos. Uno de ellos era un relato corto llamado “El Orfanato”.
Finalmente la historia fue a parar a un representante, quien envió la idea a unas cuantas personas. Se decidió hacer una adaptación. Pepo Cilga recibió 100.000 euros por la idea original y viajó a Estados Unidos, allí encontró a su madre, pero entonces se dio cuenta… no sabía hablar inglés.
* Tras comprobaciones científicas se ha llegado a la conclusión de que sí que cabe.