Doble monólogo con extra de queso XXL
Ayer fui a un lugar de comida rápida. Por no hacer publicidad no diré el nombre, pero el apellido era McDonalds.
Lo primero que te llama la atención al entrar son las largas y numerosas colas. No veía tantas desde que vi un reportaje del festival erótico de Barcelona. Son colas sinuosas y tremendamente lentas. ¿Por qué? Muy sencillo: el efecto “ay pues”. Me explico. Tú has decidido que vas a tomar una XXL big fantastic hamburguer happy mega man. Lo tienes clarísimo. Pero llega tu turno y ves otro menú XXL big fantastic hamburguer happy hiper man y piensas: “ay pues me podría comprar ese”. Sopesas precios. Y piensas: “Ay pues no me llega”. Ahora has de escoger el XL medium fantastic hamburguer happy mega man o el XL medium fantastic hamburguer happy hiper man. Y tras dos minutos de indecisión pides un McPollo.
Cuando ya has pedido la hamburguesa viene otra duda existencial: ¿patatas normales o de luxe? A ti te gustan las patatas normales, pero si las otras se llaman de luxe por algo debe ser. Sopesas precios. “Ay pues” salen igual. Y en un arranque de valentía extrema pides patatas de luxe. Ya tendrás tiempo de arrepentirte. Y como además eres un ser subversivo en vez de ketchup pides sal. Lo malo es que como los de la caja no se sacaron el graduado ESO tienen dificultades para entenderte. De hecho yo ayer le dije a uno: ¿Sal, por favor? Y el tío se fue. ¿Pero por qué les cuesta tanto dar sal? Ketchup todo el que quieras pero esos finos y níveos granitos salinos celestiales los guardan como oro en paño u oro en cualquier otro lugar. Yo creo que es porque es sal mágica. Porque te la dan en sobres minúsculos casi microscópicos, pero luego los abres y te echas la sal en las patatas y siempre, siempre, ¡siempre! te pasas. Tendrían que hacer patatas que avisaran, ¿se imaginan?:
-Oh cielo, para, estoy en mi punto.
-Lo siento… creo que me he vuelto a pasar.
Quiero centrarme en las patatas. Sí, amigos. Esos palitos alargados y amarillos que siempre acaban tomándose por compromiso. ¿A qué persona en la faz de la tierra su madre no le ha dicho en algún momento de su vida: “¿no te comes las patatas?”? No es que no nos gusten las patatas, es que la protagonista es la hamburguesa. La prueba es que no hay ningún sitio que sea Patata King. La única patata con título es Don Potato y la última vez que lo vi estaba demacrado. Además, muchas veces las patatas queman y entonces hacemos un gesto innato e intrínseco de nuestra especie que consiste en hacer el ventilador con la mano. Es un gesto absurdo, sabemos que no nos calmará ni nos servirá de nada pero lo hacemos igual… como comerte una manzana cuando tienes hambre. Y gritamos: ¡agua, agua! Y claro, muchos empleados a tiempo parcial del McDonalds se asustan por si viene la poli. Pero lo más increíble es que justo después de abrasarnos las papilas gustativas y las otras papilas cogemos otra patata, a ver si hay suerte. Mas no amigos, no la hay.
Los seres humanos somos así, autodestructivos. Por eso existen estos sitios.

He de empezar agradeciendo a